La Sustancia – Un retrato de Dorian Gray moderno (con sangre y rock & roll)

Espectadores aprensivos, absténganse. Coralie Fargeat, directora de esta obra de arte, consigue llevar a la audiencia por un viaje durante toda la película. Un viaje con altos y bajos, con risas, con miedo, con reflexión, y con tanto detalle que en ocasiones es tentador el desviar la mirada de la pantalla.

Pero eso sería un grave error. Porque esta película consigue que la audiencia sienta y padezca toda la angustia que rodea a la protagonista, Elizabeth, que cobra vida de la mano de una brillante Demi Moore, y que se enfrenta a sus peores demonios, el paso del tiempo. Cuando se deja la sala de cine atrás, todas las personas que hayan visto la película se sentirán exhaustas.

Esta película, dividida en tres actos (bastante particulares), no deja indiferente a nadie, y es tan difícil escapar de sus garras como tratar de catalogarla. Nos limitaremos a afirmar que, en efecto, es cine.

Por dar algo de contexto a este caos ordenado, la historia se centra en la vida de Elizabeth, una estrella venida a menos, que ve cómo se le escapan de las manos los mejores años de su vida. Al intentar volver a ellos, se encuentra con una dolorosa realidad, y es que nunca volverán.

Una de las cosas que más choca desde el inicio, es el uso, deliberado y si se me permite, acertado, de los primerísimos primeros planos y planos detalle. La directora quiere que estemos donde está Elizabeth, que veamos e incluso olamos todo lo que ella capta. Más adelante, esto tendrá un efecto más que determinante para los ojos de la audiencia. Los efectos sonoros están también perfectamente situados para ofrecer una experiencia sensorial única.

Se trata de un gran guion, llevado hasta las últimas consecuencias. Hay que poner en valor el gran trabajo de Demi Moore como Elizabeth, y de Margaret Qualley como Sue, que logran que prácticamente podamos rozar a sus personajes con los dedos. Los efectos especiales se llevan una mención de honor.

Sin entrar en demasiados detalles, se puede decir que el terrorífico largometraje contiene escenas con suspense, escenas horríficas, escenas con una alta carga simbólica, escenas sin sentido, y escenas que hacen al público retorcerse y reírse, pero detrás de todas ellas se esconde un mensaje con mucho valor, aunque quizás en forma de hipérbole.

Y suena raro, viniendo de una película cruenta y asfixiante, pero lo que destila esta pieza audiovisual es que una de las cosas más importantes en la vida, es quererse a uno mismo, o en este caso, a una misma. Habla del valor del amor propio, y de que las comparaciones son odiosas. Habla de la posibilidad de perder tu rumbo si persigues el cielo reflejado en un estanque. Puedes acabar convirtiéndote en un monstruo si pierdes tu esencia.

Por último, y a título personal, esta es una de las películas que más me han gustado este 2024. Me parece una obra de arte absoluta, pero ¿volvería a verla? Definitivamente no, con un único visionado tengo trauma para rato.

Respuesta

  1. Avatar de Un 2024 lleno de cine – Mi radiografía del año – Butaca 423

    […] apuesta que mejor me salió este año fue esta versión moderna del retrato de Dorian Grey, como relato en la crítica. Es sin duda una de esas películas que te transportan dentro de la […]

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