La película dirigida por Manuel Gómez Pereira se ambienta en el periodo directamente posterior al fin de la Guerra Civil, y aunque se trata de un tema delicado, consigue evitar la frivolidad y deja varios mensajes que perdurarán la mente de la audiencia.
El filme se centra en el teniente Santiago Medina (Mario Casas), al que le ordenan organizar una cena para el generalísimo, dos semanas después que su bando ganara la guerra. Para esto, necesita utilizar el Palace, y aunque Genaro (Alberto San Juan), que es el maitre del hotel, al principio lo ve como algo imposible, ya que el espacio sirve como un hospital de guerra en ese momento, interpreta, de manera acertada, que no tiene otra opción. Para preparar la cena con menos de 24 horas de antelación, Genaro dice que los mejores cocineros son un grupo de republicanos. Al verse entre la espada la pared, el teniente acepta y a partir de este momento, se desarrolla la trama.
La ambientación de la película hace que para el espectador sea sencillo situarse en el tiempo y lugar en el que vivían los personajes, y el reparto es otro de los puntos fuertes del largometraje.
Mario Casas me volvió a sorprender (por segunda vez este año, tras su interpretación en Muy Lejos de Gerard Oms), con una actuación que equilibra la comedia y algo de drama, dándole una profundidad al personaje que no era sencilla de lograr. En el papel de antagonista, Asier Etxeandia da vida a un villano egoísta que siente desprecio por todo lo que no esté en línea con los valores que él impone, y hace extremadamente sencillo el sentir repulsa por el personaje. Mención de honor para Nora Hernández, que asume un papel guerrero y delicado a partes iguales, y que además cumple con nota en ambos registros.
Sin embargo, Alberto San Juan brilla un escalón por encima del resto, llevando a la pantalla a Genaro, un personaje que bordea y esquiva los conflictos sin dejar de dar su opinión en todo momento. El maitre del hotel Palace deja traslucir una inteligencia en el personaje que se deja ver, por ejemplo, en la manera de hablar y enunciar cada una de sus frases.

La tercera pata que hace que la película sea muy disfrutable es que el guion consigue que la hora y cuarenta y cinco minutos se pase volando, ya que la acción no se limita a quedarse en la cocina del Palace, sino que atraviesa todos los entresijos del famoso hotel, y consigue construir una conexión entre los personajes con un ritmo pausado pero que se acaba solidificando de manera armoniosa.
En resumen, no es la típica comedia sin fondo que suelen recibir las salas de cine. La Cena es una película que trata de hacer ver la ridiculez de muchas imposiciones de una de las etapas más oscuras de nuestro país, a la vez que refleja mensajes de reivindicación y solidaridad, que siguen siendo aplicables hoy en día.



Deja un comentario