Tres Adioses – Un triste recordatorio para disfrutar de la vida

La directora Isabel Coixet ha llevado a la pantalla una adaptación del libro «Tres Cuencos» de Enrico Audenino. La película se centra en Marta, interpretada por Alba Rohrwacher, que lleva una vida totalmente normal en apariencia.

Al comienzo, se muestra cómo choca su manera de ser con su novio Antonio (Elio Germano), lo que desemboca en la ruptura cuando él decide dejarla. La audiencia ve que Marta es una mujer con una personalidad fuerte, y que no está dispuesta a cambiar para que el mundo la mire con otros ojos.

Mientras tanto, vemos que en el ambiente de su trabajo de profesora de educación física, cuenta con un solo amigo, que desde el inicio se declara admirador de esa forma de no doblegar su personalidad ante nadie. Este personaje, Agostino, es llevado a la vida a través de Francesco Carril, y consigue transmitir una alegría inocente y una energía casi adolescente cada vez de aparece en pantalla.

Todo se complica cuando en el primer tramo de la historia, Marta recibe una noticia inesperada por parte de su doctora. Su hermana Elisa (Silvia D’Amico), es la otra persona que tiene algo de protagonismo en la vida de Marta, y también choca con ella, pero es la única con la que comparte la noticia en un principio.

Pasan los días y las relaciones que existen entre Marta y quienes la rodean cambian, gracias a que mira su vida desde otro prisma, y comienza a darse cuenta de que a veces su tozudez la impedía disfrutar de ciertos momentos.

El largometraje también muestra cómo Alba Rohrwacher, con sus ojos siempre cargados de una tristeza perenne, se preocupa por el bienestar de dos alumnas cuando se ve reflejada en el sufrimiento que pueden albergar a escondidas.

Isabel Coixet continúa tejiendo los entresijos de las relaciones, enseñando momentos cotidianos, y haciendo ver al público que algunos de esos momentos, cuando se echa la vista atrás, son oro, y se guardan muy cerca del corazón.

Me gustó especialmente la manera de acabar uniendo todos los puntos en la historia, con una celebración con cierta melancolía, pero ahorrando una pizca de sufrimiento al público.

El mensaje principal, cuando Marta rompe la cuarta pared al final de la película y se dirige a todo aquel que esté viéndola (la mayoría con un nudo en la garganta), es que la vida es demasiado preciosa como para malgastarla dándole un espacio desmedido a preocupaciones que no lo merecen. Por tanto, nos invita a vivirla y a disfrutar de todos sus momentos, incluso de aquellos que en un principio no sepamos valorar.

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