Kirk Jones, el director del largometraje, ha decidido regalarnos una bonita película basada en la historia de John Davidson, un escocés al que le diagnosticaron con el síndrome de Tourette cuando era pequeño, y que ha luchado por visibilizar el trastorno y educar a la sociedad.
Robert Aramayo, ganador del BAFTA a mejor actor el pasado mes de febrero por su papel en esta película, hace una representación sobresaliente de John Davidson. Su actuación consigue ir contagiando a la audiencia poco a poco con esa ansiedad con la que vive el personaje, y que por momentos le lleva a replantearse si merece la pena vivir así.
Maxine Peake acompaña a la voz cantante de Aramayo dando vida a Dottie, un personaje comprensivo, atento, y genuinamente generoso. Dottie es la madre de uno de los amigos del instituto de John, y juega un papel fundamental en el devenir de su vida.

La historia comienza mostrando la vida normal de un chico de 14 años, sin preocupaciones, que empieza a vivir una pesadilla en el momento en el que comienza a sufrir episodios de tics nerviosos, que van desde gestos y escupitajos, hasta insultos, que le generan problemas en su vida escolar y familiar.
Se trata de una historia de superación, que va alternando altibajos, pequeñas victorias con momentos que le llevan de vuelta a la dura realidad. Una de las claves a destacar de la vida de John, es que pese a sentirse solo al principio, irá conociendo personas que le acompañarán y le elevarán hasta donde necesite llegar.

Es una película entrañable, que muestra el daño que se le puede ocasionar a una persona desconocida, simplemente por ignorancia propia o falta de educación como sociedad. Creo que esta obra es el mejor reconocimiento posible para la enfermedad que sufre John, junto con millones de personas en el mundo: nadie sabe a lo que deben enfrentarse día a día, y con esta película se logran acercar esas vivencias al resto del mundo.
Además, es un largometraje hecho con mucha sensibilidad, y en una de las plataformas más globales, como es el cine, para que el mensaje de visibilización del trastorno y de concienciación al respecto cale en las sociedades de países a lo largo de todo el mundo. Como mencionó el propio Robert Aramayo durante el episodio que sucedió durante la ceremonia de los BAFTA, «Tenemos que entender que la manera en la que se percibe el Tourette es una responsabilidad conjunta«.
Intercalando y superponiendo momentos de alegría, tristeza, superación, y empatía, el largometraje consigue que el público se emocione, mire hacia su interior, tome conciencia de que cada persona está luchando su propia batalla, y por tanto trate de convertirse en alguien mejor. Al menos, eso es lo que sentí yo al salir, junto con una gran alegría por haber visto la que será sin duda alguna una de mis películas favoritas del año.



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